viernes, 9 de diciembre de 2011

Hoja en blanco

Habiendo atravesado toda la ciudad de Pereira, cruzando un puente de más de 700 metros que llaman "viaducto" (que cruza una quebrada, un río, y barrios), llegando a Dosquebradas, justo ahí empezó a llover. Dicen que muchas veces que llueve en Dosquebradas, en Pereira no cae una gota, ahí, cruzando el puente.
Entonces con Cristina decidimos buscar a David, que ya sabíamos de él, que nos podía recibir. Y así fue, y todavía no me pude ir.
Universidad Sin Fronteras, Masa Crítica, casa okupa, trueque, siembra, temascal, comunicación alternativa, son algunas de las cosas que pasan por acá.
La bicicleta, recibiendo un poco de cariño. Limpieza, engrase y un buen ajuste del eje trasero, que desde hacía tiempo venía con juego. Ahora estoy con la caja pedalera, que también andaba con juego; compré un extractor para poder arreglarla solo, sin depender de nadie, pero al desarmar la cosa encontré todo marcado, porque el eje estaba astillado en un borde, así que tendré que cambiar toda la vaina. La última vez que paré en un taller para que engrasen la caja, el tipo hacía todo a golpes de martillo y así arruinó el eje, que lo cambió por este otro que fue una porquería y arruinó todo el resto.

Y todo el tiempo constatar que en el viaje los planes se vuelven absurdos.
Que la vida es un viaje --un viaje para inventarse.

La improvisación y el futuro lejano se mezclan en instantes de luna llena.