sábado, 12 de noviembre de 2011

Esperanza de vida


una tarde de sábado gris es una tarde de sábado gris en todo el mundo

no hay forma de pararla,
sólo dejar que siga, que continúe, que se vaya hasta el domingo

hay diversas maneras de pronunciar sus efectos:
- no salir de casa
- dormir la siesta
- tomar mate solo hasta lavarlo
- escuchar música nostalgiosa
- fluctuar entre actividades distintas sin demasiado compromiso

lo bueno es saber que acá nomás me espera un día de sol
en un lugar nuevo

y seré otro

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Los perros

Iba por la mitad de una cuadra cuando ví que un ovejero alemán bastante viejo venía hacia mí, desde la vereda de enfrente, cruzando la calle. Nos miramos a los ojos. No cabía la menor duda, venía directo hacia mí. Me ladraba. Me puse atrás de un auto, y el perro fue hacia la parte trasera como para rodearlo y alcanzarme, entonces yo rodeé el auto por la parte delantera, hasta quedar en la calle y el perro en la vereda. Él siguió, dirigiéndose hacia la parte delantera del auto, entonces yo dí la vuelta por atrás. Así dimos dos vueltas enteras al auto. Pensé en subirme al capot. A unos metros había gente reunida en un negocio. Les estaba ofreciendo un espectáculo vergonzoso. Como el perro no claudicaba, crucé la calle. Era una avenida ancha, con un boulevard en el medio. Llegué al boulevard, y quise cruzar el resto de la calle hasta la otra vereda pero venían muchos autos. El perro empezó a cruzar la calle, hacia el boulevard donde yo estaba parado. Crucé el resto de la avenida, casi inconcientemente, sin darme cuenta que casi me pisa un auto. El perro quedó del otro lado.


- No me jodas, éso es de tu novela
- Nonono, me acaba de pasar cuando fui a comprar pan
- Dale
- En serio! Lo voy a meter en la novela, pero me acaba de pasar a mí


martes, 1 de noviembre de 2011

Cuenca

Ésto de escribir el diario en el blog se me está haciendo costumbre y altera bastante las reglas del juego. No sé qué hacer con los nombres de las personas, si debería ponerles seudónimos o evitar nombrarlas o no, y no sé qué hacer con cierta información sensitiva que revela características de las personas, o relaciones, o lo que sea. Otra vez ese maldito juego del anonimato, la denuncia, bla bla. Cuáles serán los límites. Debo evitar a toda costa, eso sí, poner fotos pornográficas de menores de edad.

En la Ruta del Sol viví descalzo. En Machala viví descalzo también, aunque estuviera todo el día metido en una casa, y era más que nada por una costumbre finlandesa. Al lado de la puerta de entrada había siempre un desfile de zapatos, zapatillas, sandalias, ojotas, tacos. Ahora estoy en Cuenca, tomé un bondi, algo más de 3 horas de viaje para pasar del nivel del mar a los 2500 metros de altura. En 3 horas pasé de un lugar llano donde hacía calor, mucho calor, y casi nunca se veía el sol porque siempre estaba nublado, y no existía el abrigo, y cualquier vientito era como un emisario de las deidades, de ahí pasé a un lugar en las montañas, rodeado de montañas, donde hace un poco de frío y hay que abrigarse sobretodo a la noche, donde se ve el cielo celeste y el sol, bendito sol que cambia los colores de las cosas y da energía a los seres vivos y alegría y todo eso.

Hay un casco histórico, muchas iglesias, calles empedradas, algo que recuerda a Cusco, y otro algo que tiene que ver con el estar rodeado de montañas que recuerda a La Paz. Pero es distinto. En algún momento, un instante, me sentí en la India. A partir de cierta edad muchas cosas dejan ser completamente nuevas para ser en cambio parecidas a algo que ya hemos visto antes. Ojalá a la ostranenie de los formalistas rusos. Podría existir una droga llamada ostranenie, yo pagaría por ella. Pero antes pagaría por alguna droga contra el ADD, una droga para la dedicación atenta y prolongada, contra la disperción. Puro deseo, ¿por qué no conformarse un poco? La ciudad es muy linda, y ahora estoy acobijado con un mate y los pies bajo la frazada, tirado en una cama de plaza y media. Musiquita de fondo: Music for Airports de Brian Eno, que es como chillout pero sin mucho chill y nada de out.
Me hinchó las bolas, la voy a cambiar. Un disco de David Byrne con Brian Eno llamado Everything That Happens Will Happen Today, un disco maravilloso. Con auriculares o el volumen bien alto, señores.

Me sacaron a pasear en auto, Miguel y Cármen, por lugares altos desde donde se veía toda la ciudad, y después al volver comí pan con dulce de banana y maracuyá, y mate, claro que sí, mate argentino la puta madre.

Hay un perro, olvidé su nombre, lo pregunté dos veces, debo estar negándolo. Es un ovejero alemán macho que ladra y muestra los dientes cuando estás en la vereda esperando que te atiendan, y cada tanto da una vuelta sobre sí mismo, como esos que se persiguen la cola, pero una vueltita nomás, y sigue ladrando, y no me digan perro que ladra no muerde, yo no me fío ni en pedo, y está un poco entrenado, no sé si eso es mejor o peor, es decir si es bueno o malo desde el punto de vista de un ser humano extraño que de pronto un día oficia de huésped en su territorio. Me olfateó de arriba a abajo, a mí y a la bicicleta, que debemos estar llenos de olor a Bella, la perra de K, de Machala, que despedía pelos por doquier. Aunque me haya bañado, este perro parece que huele hasta los pensamientos. Tal vez me huele los huesos, con ganas.

Uh, eso del vino de Boca Juniors numerado cosecha 2003 en el centro de la mesa del comedor de Miguel y Cármen es único.

Siento que hay cosas que ya las dije, es que se me mezcla todo entre el diario en papel, este blog, y los mails que mando.
Así que abandono acá, abrumado por mi esquizoide capacidad de fragmentación.

Y siempre, siempre, la conciencia de estar poniendo en uso esa cualidad que nos define: la costumbre.



Más flan

Bueno, volví. Es que me serví más flan y me dí cuenta que es todo una
mentira, o algo así. No hubo una tercera botella, era demasiado, ella
se dormiría, y yo no podría levantarme temprano mañana. Entonces más
flan. Ninguna película, al menos por ahora. En fin, lo que quería decir
es qué importante que es reir. Reir, comer, coger. Y otros momentos,
claro, como descubrir que el mundo es un abanico abierto de miles de
oportunidades, o como las crisis en las que la existencia se vacía y se
vuelve a cargar a 220 voltios, o cuando te encontrás en medio de un
vómito de la naturaleza como las montañas o el mar o simplemente una
llanura cubierta de un olor reconocible un olor de la infancia y todo
pasa a ser distinto otra cosa. Pusieron un disco de Shakira y fijate
vos, está todo bien, hasta suena bien, mirá lo que te digo. Decía
antes, con algunas copas de tinto después de tanta abstinencia el
afuera se ve distinto, es todo camino por hacer, por andar. Pensarán
que es una euforia de esas que se estampan contra una pared de contreto
acá nomás, a la vuelta, y sí, debo admitirlo, es muy probable que
mañana todo sea distinto, como por ejemplo una resaca, un calor, un
resolver problemas como dónde queda la terminal de ómnibus, dónde está
el baño, qué hago con la bici mientras voy al baño, cuánto cuesta el
pasaje, malditos dólares, maldito desequilibrio universal, maldita
muerte térmica, malditos tsunamis, malditos satélites en descomposición
que estallan contra la tierra, maldito cerebro humano -cuándo te
hiciste tan torpe.

Whisky

Después de dos botellas de vino el mundo se ve distinto. La vida, en realidad, es distinta. Tener una petaca de whisky en la mochila también cambia el panorama --sé que no estoy solo, que cualquier cosa tengo esa reserva de felicidad, de relajo, puta madre, de estar-todo-bien. Ella se fue. Yo ahora voy a dormir solo en su cama. En su cuarto. Y cuando vuelva yo ya no voy a estar. Dos botellas entre tres. Una botella más, ahora entre dos. Las letras flotan alrededor mío, en el aire, como óvulos no fecundados. Pocas acciones, muchas palabras (todo al revés, mierda). Quiero leer pero no puedo, estoy alterado. No puedo hacer nada, entonces me decido por escribir ésto. No puedo dedicarme a la novela, no, ahora no. Estoy demasiado alterado. La vida es una calle de tierra, y sólo llevo una cajita de fósforos en un bolsillo del pantalón. Salí a mendigar a un supermercado, fui hasta allá en bicicleta (hacía tres semanas que no pedaleaba); no tuve suerte, volví. Aproveché para meterle aire a la rueda de atrás --algo que pocas veces pasa: decido que es mejor hacer hoy lo que puedo hacer hoy, y no dejarlo para mañana, sumado a la decisión de prevenir antes que curar. Llego y me pongo a hacer cosas. Al rato descubro la goma de atrás pinchada. Parece joda, ¿eh? Un buen tajo. Cambié la cámara, revisé las que tenía, la otra la guardé pinchada, y a la goma. Mucho más tarde, ahora, a la hora de los vinos, me dí cuenta que quedaba whisky, de ese whisky que yo había comprado, y me estoy yendo mañana, decido llevármelo, encuentro una petaca por ahí, ¿me la puedo llevar? Sí, llevátela. Vuelco el resto de whisky en la petaca. La vida es distinta. Flan de banana. Y una ansiedad que no tiene por donde salir disparada. Explotar no sé por dónde. Más flan, y ver una peli, eso sí, una peli y a olvidarse de todo.