domingo, 19 de julio de 2009

Ad infinitum



Los bornes

Al final no era un carajo el módulo de encendido; fui a las nueve de la mañana a la casa de repuestos y compré ese pedacito giratorio de plástico y metal que es donde se producen las chispas, y lo cambié y también cambié el guardapolvo, que es un disco de plástico que va ahí adentro, junto con ese rotor que conecta a las bujías, y todo al pedo porque seguía sin arrancar, y lo que me dijo el otro sobre el alternador también, cualquier cosa. Tampoco la chispa amarilla ni la batería, ni el alternador ni el módulo de encendido.

Taller de Aconquija, esa calle angosta porque es doble mano y estacionan autos en las dos veredas.
- Probemos cambiando los bornes -dijo sin apostar, pero seguro- Los de bronce no son buenos, porque no es bronce, es una aleación mala; se quiebran acá, cuando lo ajustás se parte donde la aleación no es buena.
- Claro... qué van a ser de bronce...
- Por eso, te voy a poner los de aluminio, mejor que duren.

Volví a casa caminando, desabrigándome progresivamente. Me dí cuenta que la vida es otra cosa: es ese andar por las calles bajo el sol al mediodía, es pasar por una ferretería y casi parar a comprar el sellador para el tiraje porque se está llenando de humo mi cuarto, es pensar por qué carajo llegamos a esto de tener un título y trabajar en relación de dependencia, es saberse pisando la tierra y empolvándose los zapatos, quedando a pie porque eso es la vida: una tómbola.

A las cinco y veinte de la tarde estaba otra vez en el taller.
- ¿Era eso, nomás?
- Parece que sí, vení que te muestro los que saqué.
Eran unos metales gastados y unos plásticos deformados.
- ¿Cuánto es, entonces?
- Y... son diez de cada borne... y treinta del laburo... así que cincuenta.
- Bueno. Después en la semana paso a ver lo del termostato.

Listo para seguir andando, listo para un fin de semana como todos los demás, de un lado a otro siguiendo los caprichos de la noche. Sólo tengo que agregar agua más o menos cada dos días.

Amor

En el campo en medio sobre el pasto
sobre la mantita entre las moscas
de verano, alejados de la casa,
de los padres,
como por deber o aburrimiento
equivocados

y debajo de los árboles sobre
una rueda de tractor
para unos meses después a intervalos
y definitivamente odiarte

jueves, 16 de julio de 2009

Auxilio mecánico

Pegó unos tartamudeos mientras andaba, la semana pasada. Se paró en un semáforo a las nueve de la mañana, a una cuadra del laburo, así nomás, como muerto, pero por suerte al rato arrancó. A la mañana, hoy, arrancó pero lo apagué para revisar el agua, y cuando quise encenderlo otra vez, él no quiso; al rato (largo) volví a intentar con suerte, y llegué al laburo. Al salir, a eso de las seis y media de la tarde, arriesgándome bastante, decidí no volver a casa e ir a Buenos Aires para encontrarme con G. Sucre y Libertador, semáforo en rojo, murió otra vez. Ahi nomás el caprichoso, hora pico. Pero esta vez murió. Llamé al auxilio mecánico; en medio de la conversación entré al kiosco para preguntar el nombre de la calle. Llamé a G para suspender, por suerte estaba a punto de salir y no viajando para el encuentro. Llamé a mi jefe porque me había llamado mientras hablaba con el auxilio. Mandé algunos mensajes durante la espera. Volví al kiosco para comprar algo, tenía hambre, pregunté el precio de todos los alfajores, dame un Jorgelín, ¿color?, negro. Me llamó L que vive a la vuelta y me vió. Volvió a llamarme mi jefe y lo pude atender, era para ofrecerme ayuda si la necesitaba, mañana andá al mecánico, ¿tenés algo importante? Alguien que parecía un vecino aburrido estuvo un rato mirándome, se acercó, abrí la puerta para escuchar algo que quería decirme:
- ¿Querés que lo empujemos?
- ¿Hasta dónde? ¿Hay lugar?
- Hasta la esquina, ahí en la curvita donde está la señora en bicicleta.
- Pero el remolque no va a poder parar ahí, en medio de Libertador.
- Si, puede ser... Es que viste lo que es el tráfico a esta hora... Todavía por suerte no está bravo.
Se quedó por ahí, hasta que abrió la persiana de la rotisería. Después paso a verme L, con J, pero justo cuando el auto estaba siendo levantado por el remolque.
Remolque, interior; Sucre y Libertador, Cap. Fed., hasta Corrientes y Arroyo, Bella Vista; por teléfono:
- Qué hacés pa... sí... por lo del sindicato, viste cómo es... sí, negri... no, el delegado es el Perro... yo tengo un tío que tiene contactos, en San Martín, abogados y eso... sino no va a cambiar nada, y los que no se quieren mover, que la chupen...
Corta. Nuevo llamado:
- Tano, cómo va... yendo a Muñiz, negri, estoy con el socio... si, con el socio... te llamaba por esto que pasa, viste... yo te digo, sabés, confiá en mi, yo tengo un tío que está en el tema de los sindicatos... sí... él me dijo, ¿me entendés?, ustedes sean fieles que nosotros vamos a ser fieles...
El tipo es atérmico o su campera muy abrigada -anda con la ventana abierta en la noche de pleno invierno.
- ¿Te jode si fumo?
- No, no hay problema.
- ¿Querés?
- No, gracias, no fumo.
- Es el módulo, eso es, me salió. El módulo de arranque. Te das cuenta por la chispa, viste, si la chispa es amarilla no sirve, tiene que ser azul, como la cocina cuando la querés prender y no funciona la chispa que es amarilla, ¿me entendés?, y tiene que ser azul porque sino no agarra, yo te hago la comparación, viste. Es esa cajita que está al lado del encendido, el módulo de arranque.
- ¿Y eso decís que lo puedo cambiar yo? ¿Es fácil, o hay que saber?
- No... eso son dos tornillos, y los dos cables... sacás la tapa esa y ahí adentro está, es una pieza, la sacás y la llevás para comprar el repuesto y pedís que te den un módulo para el 19, lo podés hacer vos si querés, es fácil.
Baja el auto, le doy el carnet, firma, aclaración y domicilio, me entrega la copia carbónica. ¿No me mostrás bien cuál es el módulo? Abro el capot, me lo señala, le sacás la tapita y ahí adentro lo vas a ver, un cuadradito. Como te dije, sacás los dos tornillos, le sacás la tapita y lo vas a ver. Nos damos la mano. Cuatro pesos de propina. Su turno recién empieza, terminará a las siete de la mañana. Desde hace cuatro años. De noche es más tranquilo, no hay tantos autos.

sábado, 11 de julio de 2009

Pulpería

Si de chico no trota, de grande no galopa.

lunes, 6 de julio de 2009

No me llames a última hora...

No me llames a última hora de este lunes feriado para hablarme de ganas de verme pero ya es tarde y veámonos el jueves, porque ya no te creo nada o pienso que sos esquizofrénica o depresiva, o simplemente masoquista o mentirosa.

Aquella vez lo contaste como si fuera mala suerte, pero ahora lo pienso y me parece que estás cómoda con tus siete soledades. Es también un tema para pensar por qué carajo tengo que pensar tanto en otros, en vos, en otras, y no en mí. ¿O es que pienso demasiado en mí? ¿Cuál es la necesidad? Existe la palabra soledad porque existe universalmente ese sentir, pero yo quiero retrucar con solitud: con una elección de estar solo... Pero me parece que creo elegirla, mentirosamente, cuando estoy solo -en soledad. [...]

¡Qué hija de puta! ¡Todavía sin verte! Aunque me cayó tu mensaje como una piedra en el estómago, pude sobrevivir pensándote poco, pero hoy siento que podrías llamarme, mujer. Existe, mientras el acumular pierde sustancia, una ilusión vacua que no sirve ni como placebo. ¿Pero sabés qué? No te necesito.

Estamos. De eso no cabe duda. El tema es dónde, o para qué. Y no me hablen de Dios, que murió el otro día en un accidente de autos. La decisión está en uno, y no en los objetos o las demás personas; varias veces borré su número de teléfono, y varias veces volví a conseguirlo (sabía de dónde sacarlo); varias veces dejé de fumar, y varias veces volví; las decisiones definitivas no tienen que ver con lo externo -aquí la ocasión no hace al ladrón: hay un cambio interno, un acomodarse de los cimientos que, de tan firme y consistente, ignora tentaciones y produce crecimientos fundamentales. Como decía (escupiendo mientras hablaba y gesticulando demasiado) un profesor de teología, Jesús iba al baño.