lunes, 30 de noviembre de 2009

Vuelo de reconocimiento

desde el cielo
se ven los autos
ir venir de dónde
a dónde la gente
yo yendo sesgos
al destierro? desde el
cielo nos vemos todos
huyendo
con nuestros inventos para
ir estando yendo siempre
velozmente
a ninguna parte

jueves, 26 de noviembre de 2009

Norte

dónde estaba cuando con el poncho
los perros ladraban
disecada
la fobia del turismo estéril
en el queriendo
del desgarrar la mímesis
inaprensible

las preguntas se volvieron
piedra / crucifixión

las certezas musgo
ámbar en el soslayo de la tarde
escarpada

martes, 29 de septiembre de 2009

Irse

Incómodos, en el sillón no entrábamos con las piernas estiradas, ella terminó con dolor de cuello, los dos despertándonos veinte veces durante la corta noche que no fue más que algunas horas entre las seis y las doce del mediodía, y los ruidos, el motor del agua, el vendedor de huevos, la avioneta gritando un curso de no sé qué, perros ladrando, y cada tanto un ronquido extraño como si me estuviera ahogando, al lado de su oído en ese dormir abrazados, y ella cada tanto estrechándome como queriéndome demasiado en ese primer día, y en uno de los tantos despertares sin abrir los ojos, dándole la espalda, acariciar sus piernas vestidas de jean hasta dejar llevar la mano desde el ombligo hacia abajo sin desabrochar nada y encontrar la calidez empezando a humedecerse, y su mano al rato tensa aferrándose a mi cintura. Su irse caminando para pensar, en el mediodía por las calles de tierra.

domingo, 20 de septiembre de 2009

De quién es este baile que nos cepillamos
antes y después de las comidas

partida en dos tiempos
entre una pierna enyesada
y el sonido del primer tren

nos sabemos más que nunca tanto
hasta explotar de saber cosas

y vislumbro el concepto que se retuerce nonato
en las entrañas del plancton

ser tu valija para las hojas arrancadas
hasta el gusano en la pulpa de lo exacto

lunes, 7 de septiembre de 2009

Ciudadanía

Lo perpetuo, lo infinito, lo ínfimo, desmesurado
Musgo en el cuello en el costado que da al sur
Habitar el espacio que no está nunca lleno
Caminar babear el asfalto el pavimento cruzando
Mirando para abajo, caca de perro por todos lados esquivando
Los árboles saliendo del cemento erectos
Límpido caminar quieto, límpido
La ciudad que me recorre sin distancia
Turista ella de mí que me arremolino en las esquinas
Que no te pinto pero te escribo
Que no te escribo pero te bailo
Te codeo te escupo, y me voy
Porque no soy de vos me alejo sin dar la última mirada
esa que recuerda triste aún adentro
esa, como dijera Borges, Nostalgia del presente
pero qué mierda, ¡me olvido!
O lo creyera ella
Yo
Lo ínfimo marcando la piel como un corpiño
Las medias de todo el día, los breteles
Lo infinito soslayado –un peaje cada tanto lo más rápido posible
Desmesurado
Todo medido, sin contornos

Retazos

Ser descanso, para el gris, Santa Rita, las flores apuntan al sol, la nube baja que nos hace centrípetos, pseudópodos en la niebla, hago fotosíntesis altruista, ignoto, las paladas de tierra que rellenan pozos, la ventana en movimiento, el pájaro desconocido que canta de noche, otra vez, los encapuchados subiendo las escaleras con linternas, es de noche, afuera silba la arena entre el viento, doce segundos entre cada destello de la única luz que es del faro, no hay luna, las rocas reciben oleadas negras, el aire límpido, río Caraguatá, los silencios del agua marrón creciendo, los nocturnos de Chopin que se hacen día, le ciel, les arbres, les yeux du monde, el sol, la nube, otra vez el sol, y la nube, y así siempre, y el cielo, el viento, y el mate con bizcochitos.


lunes, 24 de agosto de 2009

La eternidad

Eran más o menos las once de la mañana de un día imperceptiblemente soleado. Estaba en la oficina, sentado en el inodoro desde hacía un rato largo, resolviendo las revueltas de su intestino. Sonó la alarma de incendios. Una voz grabada en inglés pidió por los parlantes que desalojaran el edificio con calma y por las escaleras. Pero a él no le importó un carajo; estaba atravesando un momento trascendental, era pura conciencia, conciencia mundo en el sentido más existencialista. Era en ese momento lo que el mundo más próximo le exigía, y la alarma sonaba demasiado lejos en su cabeza. Ni siquiera deseaba terminar rápido para escapar -no había lugar para el deseo; puro cuerpo, prácticamente un momento zen. Cagar. Y morir en su ley. No existía el concepto de sucesión, en absoluto; el tiempo se disolvía en el ensimismamiento entregado al cosmos; el cosmos se reducía al mero devenir. Era la eternidad. Una compañera abrió la puerta del baño gritando hay alguien ahí, vamos, hay que salir. Imposible, pensó. Ya voy, contestó. Se imaginó saliendo del baño media hora más tarde, encontrando el piso desierto, él solo en la desolación del silencio y las cosas sin terminar, las pantallas brillando, las sillas abandonadas, vacías, desparramadas. Se plantearía, como ya lo estaba haciendo al imaginarlo, el sentido del trabajo, de todas las cosas, de la vida. O moriría en el baño, asfixiado o incinerado.
Cuando finalmente terminó, habiéndose lavado las manos con tranquilidad, salió del baño creyendo que sus pensamientos se harían carne al enfrentarse con lo previsto -salió preparado para que sus improvisadas cavilaciones metafísicas se alimentaran de imágenes reales. Pero descubrió a la gente volviendo de las escaleras de emergencia, regresando a sus puestos de trabajo. Falsa alarma.

sábado, 8 de agosto de 2009

Un dedo menos

Arranqué medio dedo índice de un hachazo, de mi mano, de mi mano izquierda.
Utilidades prácticas:
- Pigmento
- Revalorización de otros dedos
- Estimulación para el desarrollo de habilidades alternativas
Utilidades psico-socio-filosóficas:
- Sentido de prescindencia
- Conciencia de muerte

domingo, 19 de julio de 2009

Ad infinitum



Los bornes

Al final no era un carajo el módulo de encendido; fui a las nueve de la mañana a la casa de repuestos y compré ese pedacito giratorio de plástico y metal que es donde se producen las chispas, y lo cambié y también cambié el guardapolvo, que es un disco de plástico que va ahí adentro, junto con ese rotor que conecta a las bujías, y todo al pedo porque seguía sin arrancar, y lo que me dijo el otro sobre el alternador también, cualquier cosa. Tampoco la chispa amarilla ni la batería, ni el alternador ni el módulo de encendido.

Taller de Aconquija, esa calle angosta porque es doble mano y estacionan autos en las dos veredas.
- Probemos cambiando los bornes -dijo sin apostar, pero seguro- Los de bronce no son buenos, porque no es bronce, es una aleación mala; se quiebran acá, cuando lo ajustás se parte donde la aleación no es buena.
- Claro... qué van a ser de bronce...
- Por eso, te voy a poner los de aluminio, mejor que duren.

Volví a casa caminando, desabrigándome progresivamente. Me dí cuenta que la vida es otra cosa: es ese andar por las calles bajo el sol al mediodía, es pasar por una ferretería y casi parar a comprar el sellador para el tiraje porque se está llenando de humo mi cuarto, es pensar por qué carajo llegamos a esto de tener un título y trabajar en relación de dependencia, es saberse pisando la tierra y empolvándose los zapatos, quedando a pie porque eso es la vida: una tómbola.

A las cinco y veinte de la tarde estaba otra vez en el taller.
- ¿Era eso, nomás?
- Parece que sí, vení que te muestro los que saqué.
Eran unos metales gastados y unos plásticos deformados.
- ¿Cuánto es, entonces?
- Y... son diez de cada borne... y treinta del laburo... así que cincuenta.
- Bueno. Después en la semana paso a ver lo del termostato.

Listo para seguir andando, listo para un fin de semana como todos los demás, de un lado a otro siguiendo los caprichos de la noche. Sólo tengo que agregar agua más o menos cada dos días.

Amor

En el campo en medio sobre el pasto
sobre la mantita entre las moscas
de verano, alejados de la casa,
de los padres,
como por deber o aburrimiento
equivocados

y debajo de los árboles sobre
una rueda de tractor
para unos meses después a intervalos
y definitivamente odiarte

jueves, 16 de julio de 2009

Auxilio mecánico

Pegó unos tartamudeos mientras andaba, la semana pasada. Se paró en un semáforo a las nueve de la mañana, a una cuadra del laburo, así nomás, como muerto, pero por suerte al rato arrancó. A la mañana, hoy, arrancó pero lo apagué para revisar el agua, y cuando quise encenderlo otra vez, él no quiso; al rato (largo) volví a intentar con suerte, y llegué al laburo. Al salir, a eso de las seis y media de la tarde, arriesgándome bastante, decidí no volver a casa e ir a Buenos Aires para encontrarme con G. Sucre y Libertador, semáforo en rojo, murió otra vez. Ahi nomás el caprichoso, hora pico. Pero esta vez murió. Llamé al auxilio mecánico; en medio de la conversación entré al kiosco para preguntar el nombre de la calle. Llamé a G para suspender, por suerte estaba a punto de salir y no viajando para el encuentro. Llamé a mi jefe porque me había llamado mientras hablaba con el auxilio. Mandé algunos mensajes durante la espera. Volví al kiosco para comprar algo, tenía hambre, pregunté el precio de todos los alfajores, dame un Jorgelín, ¿color?, negro. Me llamó L que vive a la vuelta y me vió. Volvió a llamarme mi jefe y lo pude atender, era para ofrecerme ayuda si la necesitaba, mañana andá al mecánico, ¿tenés algo importante? Alguien que parecía un vecino aburrido estuvo un rato mirándome, se acercó, abrí la puerta para escuchar algo que quería decirme:
- ¿Querés que lo empujemos?
- ¿Hasta dónde? ¿Hay lugar?
- Hasta la esquina, ahí en la curvita donde está la señora en bicicleta.
- Pero el remolque no va a poder parar ahí, en medio de Libertador.
- Si, puede ser... Es que viste lo que es el tráfico a esta hora... Todavía por suerte no está bravo.
Se quedó por ahí, hasta que abrió la persiana de la rotisería. Después paso a verme L, con J, pero justo cuando el auto estaba siendo levantado por el remolque.
Remolque, interior; Sucre y Libertador, Cap. Fed., hasta Corrientes y Arroyo, Bella Vista; por teléfono:
- Qué hacés pa... sí... por lo del sindicato, viste cómo es... sí, negri... no, el delegado es el Perro... yo tengo un tío que tiene contactos, en San Martín, abogados y eso... sino no va a cambiar nada, y los que no se quieren mover, que la chupen...
Corta. Nuevo llamado:
- Tano, cómo va... yendo a Muñiz, negri, estoy con el socio... si, con el socio... te llamaba por esto que pasa, viste... yo te digo, sabés, confiá en mi, yo tengo un tío que está en el tema de los sindicatos... sí... él me dijo, ¿me entendés?, ustedes sean fieles que nosotros vamos a ser fieles...
El tipo es atérmico o su campera muy abrigada -anda con la ventana abierta en la noche de pleno invierno.
- ¿Te jode si fumo?
- No, no hay problema.
- ¿Querés?
- No, gracias, no fumo.
- Es el módulo, eso es, me salió. El módulo de arranque. Te das cuenta por la chispa, viste, si la chispa es amarilla no sirve, tiene que ser azul, como la cocina cuando la querés prender y no funciona la chispa que es amarilla, ¿me entendés?, y tiene que ser azul porque sino no agarra, yo te hago la comparación, viste. Es esa cajita que está al lado del encendido, el módulo de arranque.
- ¿Y eso decís que lo puedo cambiar yo? ¿Es fácil, o hay que saber?
- No... eso son dos tornillos, y los dos cables... sacás la tapa esa y ahí adentro está, es una pieza, la sacás y la llevás para comprar el repuesto y pedís que te den un módulo para el 19, lo podés hacer vos si querés, es fácil.
Baja el auto, le doy el carnet, firma, aclaración y domicilio, me entrega la copia carbónica. ¿No me mostrás bien cuál es el módulo? Abro el capot, me lo señala, le sacás la tapita y ahí adentro lo vas a ver, un cuadradito. Como te dije, sacás los dos tornillos, le sacás la tapita y lo vas a ver. Nos damos la mano. Cuatro pesos de propina. Su turno recién empieza, terminará a las siete de la mañana. Desde hace cuatro años. De noche es más tranquilo, no hay tantos autos.

sábado, 11 de julio de 2009

Pulpería

Si de chico no trota, de grande no galopa.

lunes, 6 de julio de 2009

No me llames a última hora...

No me llames a última hora de este lunes feriado para hablarme de ganas de verme pero ya es tarde y veámonos el jueves, porque ya no te creo nada o pienso que sos esquizofrénica o depresiva, o simplemente masoquista o mentirosa.

Aquella vez lo contaste como si fuera mala suerte, pero ahora lo pienso y me parece que estás cómoda con tus siete soledades. Es también un tema para pensar por qué carajo tengo que pensar tanto en otros, en vos, en otras, y no en mí. ¿O es que pienso demasiado en mí? ¿Cuál es la necesidad? Existe la palabra soledad porque existe universalmente ese sentir, pero yo quiero retrucar con solitud: con una elección de estar solo... Pero me parece que creo elegirla, mentirosamente, cuando estoy solo -en soledad. [...]

¡Qué hija de puta! ¡Todavía sin verte! Aunque me cayó tu mensaje como una piedra en el estómago, pude sobrevivir pensándote poco, pero hoy siento que podrías llamarme, mujer. Existe, mientras el acumular pierde sustancia, una ilusión vacua que no sirve ni como placebo. ¿Pero sabés qué? No te necesito.

Estamos. De eso no cabe duda. El tema es dónde, o para qué. Y no me hablen de Dios, que murió el otro día en un accidente de autos. La decisión está en uno, y no en los objetos o las demás personas; varias veces borré su número de teléfono, y varias veces volví a conseguirlo (sabía de dónde sacarlo); varias veces dejé de fumar, y varias veces volví; las decisiones definitivas no tienen que ver con lo externo -aquí la ocasión no hace al ladrón: hay un cambio interno, un acomodarse de los cimientos que, de tan firme y consistente, ignora tentaciones y produce crecimientos fundamentales. Como decía (escupiendo mientras hablaba y gesticulando demasiado) un profesor de teología, Jesús iba al baño.

sábado, 27 de junio de 2009

Siéndome

de y a dónde ir y venir te arruga, viejo,
a veces sí y mañana aquí lo mismo no -
cuántas vueltas de aprender a hacer
y hacerme lo que dicen hombre o algo
sin nombre,
siéndome en cada esquina, inventándome
(a mí y a vos) entre días como jueves
y domingos

martes, 23 de junio de 2009

martes, 9 de junio de 2009

Ennochecimientos

sobre andamiado te callejuela de andros malabar
en demientras vergel sometiendo terco quesos
me dice verde en rebordecido fragor de calendulares
ennocheciendo labiales imaginarios
cortésmente
de lo que te sé no es sin más reconfortándonos

Andares nocheciendo

En el sueño de haber dormido poco aparecen, sin llamarlos, los recuerdos de aquellas noches antes de emprender los regresos. Los comienzos (una lamentable fiesta de disfraces) anticipaban el desastroso final (hoy me enteré de los entretelones, de los terribles componentes por mí desconocidos). Se enfrió el último trago del té, cuando las palabras se acomodaban y los significados buscaban hilarse en las butacas de mi pensar.

La cortina de esterillas entrevera luces del farol de calle y cielo aún sin amanecer aunque siendo azul aclarando. Alzo el costillar a destiempo -hay un deseo del cuerpo de seguir durmiendo. Mientras tanto el agua se calienta en la hornalla más grande y el tostador en la más chica. Debo cambiarme (estoy en pijama); en el curso del desayunarme estaré vistiendo los pantalones y la camisa del deber ser. Hay que vestirse como dios manda.
Salta una chispa de la salamandra cuando acomodo dos leños y me da justo en el ojo izquierdo. Grito. Temo un segundo por mi visión, pero me doy cuenta que veo. Grito, y estornudo, y babeo. Voy al baño para mirarme al espejo: tengo una marca en el párpado. Me froto, me duele, arde.

Apacible llovizna

Alfredo bajó del auto, después de la confusión, y caminó hacia la parte delantera. Se detuvo entre el suyo y el gris, y se agarró la cabeza con las dos manos diciendo "no lo pude frenar" (silencio de tres segundos), "no lo pude frenar".
Ignacio volvió de la farmacia con sus pañuelos descartables y un bocadito de chocolate para la pasajera del taxi. Vio que no estaba. "¿Se fue?", me preguntó -"¡Le había traído un Marroc!". La llovizna seguía cayendo -sobre la bolsita de nylon de la farmacia, sobre el anotador que en mi mano llevaba con los datos, sobre los pedacitos de plástico del farol, sobre los adoquines ya mojados, y en los intersticios. Abrimos otra vez el capot para verificar que no hubiera una pérdida de agua o alguna parte mecánica rota. Era una linda noche.
A veces lo imprevisto, incluso cuando es adverso, no deseado, me trae cierta tranquilidad, como si pudiera dejar de tomar decisiones tras comprobar que el mundo no se somete a mis leyes; una suerte de descanso para la voluntad. (Tomo el último trago de vino). Comí el bocadito que me dio Ignacio.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Ontológicamente

Hoy me fui antes del trabajo porque me sentía ontológicamente incapaz de subsistir normalmente, y a la larga se notaría. Al mundo le resulta más fácil aceptar como diagnóstico una congestión y estado de languidez similar al de la gripe -pues fue entonces lo que dije.
Llegué a casa y la encontré vacía, sin mí. Encontré la luz de sol reconfortante, un sol de invierno sin testigos, la silenciosa escena de un crimen sin muertos.
Ahora ya es de noche; en invierno oscurece muy temprano. Encendí dos velas y tomé un té con limón (mi abuelo tomaba el té con una rodaja de limón). Ontológicamente, el té parecería tener las mismas propiedades que la luz de la vela. Acá-que-no-es-allá llovió ayer, pero hoy ya está despejado; el frío llegó un poco de golpe y ahí tenés mis mocos. Los días pasan sin sobresaltos, y lo único que me hace cambiar una actividad por otra es lo contingente, y las derivaciones que pudiera disparar.
Encendí un farol a kerosene, además de las dos velas. Alguien del trabajo me avisa que está enfermo, que mañana se va a quedar en su casa; sí, viejo, no hay problema. Me intriga saber como estará el tiempo allá-que-no-es-acá, cómo estarán los árboles, el cielo en esas otras horas. Los árboles están cambiando el espíritu de la ciudad. ¿Te acordás cuando andábamos en bicicleta por la calle del costado, que antes era de tierra?
En un rato me vienen a buscar. Muevo una vela de lugar y una gota de cera caliente cae en el dorso de mi mano. De a poco deja de quemar, y se endurece; con mi otra mano la pellizco y se agrieta, desprendiéndose de a pedacitos. Suena la campana.

- Estamos sobre la hora, apúrese.
- Sabe muy bien que las salidas no pueden durar más de dos horas. Señor Villegas, este hombre estaba jugando con fuego, debemos reportarlo.
- Anótelo. Fecha, hora y locación, recuerde.
- Andando, que es tarde.
- Si señor, estamos listos.

lunes, 25 de mayo de 2009

Lo que __ cuando __ un falso domingo

Estoy manejando el __ de __ hacia Buenos Aires. Es el __ de __ y vamos para __. Debo aguantar los sórdidos monólogos de __. Olvidé traer los anteojos de sol, y aunque el cielo __, siento los ojos achinados. Me desperté hace poco, una hora como mucho. En la casa de __ ya están casi todos __ y comiendo el __. Le mando un mensaje a __ para ver si quiere dar un paseo, aprovechando que estoy __ y en la ciudad. Creo que ya pasó una hora y no obtuve __. Como un poco de torta, y nos preparamos para __. Deciden ir a __ y yo espero para ver quiénes __. Decido ir también, en una suerte de dejarme llevar. El __ es simpático, y las __ atractivas. Me muestran el espacio para la __. Aunque no tiene profundidad, es largo. Reviso los __ pero no encuentro de mi __. Empieza a llover. Pienso en la huerta y esta lluvia que le viene bien. Se está como un domingo, como cuando se deja pasar el tiempo sin __ y haciendo nada al respecto. Están por __. Yo no tengo mucho que __. Reviso el __ (ya lo hice __ veces) pero no encuentro __. Pienso que debería ceder, pero en un sentido __, dejarme __ por el destino (no creo en el destino).
El viaje de vuelta fue un adormecer despensado. No puedo dejar de __ en __, pero sé que necesito aprender a __, al menos para no sentir la __ de __ a Buenos Aires.

domingo, 17 de mayo de 2009

Esquemas

Salí a esperar el colectivo bajo el sol radiante de este verano prematuro y me calciné como una marmota que, como una serpiente, se come a sí misma por la cola. El colectivo no llegó nunca y los cuarenta minutos que esperé fueron más bien dos mil cuatrocientos segundos en un reloj de sol, cargando una mochila y una valija. Volví a casa, llamé por teléfono para explicarme y cancelar y posponer para la semana siguiente. El día se transformó en otro día, distinto de aquel para el que me había preparado. Desembolsé el mate y estiré las extremidades de la máquina de escribir. Destrabé las bisagras entumecidas, moví una y otra vez las bielas del mecanismo como para probar su buen funcionamiento. Observé las piezas y su lógica al servicio de la imprenta; me detuve en el anfiteatro formado por el alfabeto de metal, dispuesto para el ataque siempre inminente. Y empecé a escribir. Siempre es algo desencajado, un magma de impulsos eléctricos que cataliza el flujo eólico de las esporas, enzimas, linfocitos y albúminas, hasta la cristalización espontánea o la muerte térmica; las partículas de lucidez empiezan a dispersarse, se separan, desintegran el espacio en un ritmo continuo, hasta ocuparlo todo equitativamente, las mismas distancias entre uno y otro punto. Monotonía. En la etapa posterior aparecen los íncubos y súcubos, el chupacabras, el curupí, el lobisome, el ratón Pérez y otras bestias inefables.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Responsable

Un día de mierda: un regreso obtuso, metálico, acumulado. Lo construido, relativizado. Era obvio, no te hagás el sorprendido. Te hablan y hablás, te convencen y convencés, te hacen comulgar y das la comunión. Mierda. ¿Dónde carajo están los cultivos? Nos estamos haciendo los boludos... ¿O vos creés que esto así funciona?

domingo, 10 de mayo de 2009

Compendio

piel alcaucil
silente abrazo

miércoles, 6 de mayo de 2009

aqui no tomás

un centímetro apenas
de saciedad a hartazgo
entramados

una cana por decisión

quiero devolver todo el agua
del pozo en la arena
al mar

a cien renuncias por segundo

lunes, 27 de abril de 2009

Normal

Sueño de haber dormido mal, día primero después de vacaciones, vistiendo aún la ropa de oficina, midiendo la noche con los párpados, pegada la cabeza a otras cosas lejanas. El tiempo más inquisidor -el retorno al tiempo urbano. El sentido doloroso del encuentro de un sentido no encontrado. Saber que hay una tierra fértil esperando, saberlo pero estarse quieto. Palpitan mil opciones.

Noche

En la noche completa
sólo el mar como un viento o mi voz si la saco agregándose
en los médanos negros oculta la ausencia
y pasto sin agua crecido
en el mar en la noche completa
oscura, serena, sin luna, ventosa,
estrellada infinitamente
he quedado, en el sosiego de la noche

Arena

Ando mis pies descalzamente la orilla
con una mínima prisa de nada.

Alejado -desde allá las casas desparramadas
parecen haber sobrevivido a algo.

Por la ventana pasa un hombre en carreta.
Pasan vacas a veces.
Y nada más.

Orilla

Se zambullen como pesos muertos
en el mar las gaviotas, pescando,
mientras yo las escribo

viernes, 3 de abril de 2009

Entretiempo

borbotones de saliva sedienta en el despertar abrupto / siesta / el camino no recordado en las pantuflas en la ropa de oficina arrugada / olor, comida / sabernos de manera insensata superhombres / el mundo feliz se oculta en el instante / te tiemblo con faltas y ausencias desconocida amor

miércoles, 1 de abril de 2009

Contingencias

La calle de tierra de luz ámbar del farol que ilumina la noche nublada. Los perros. A través de la ventana, la calle. A mis espaldas, detrás de tres paredes, después de una puerta, un arco, y otra puerta, crecen las plantas de la huerta, solas, entregadas a lo contingente.

lunes, 9 de marzo de 2009

Arjé

aquí será El Dorado
cuando el puente se pierda en su sentido
porque nadie quiera a ningún lado cruzar

viernes, 6 de marzo de 2009

Existo, luego pienso

pensando en frío alegre de crisis de todo
que los resquemores falsos, innecesarios, alquimias
donde descansa el desasosiego
ande siempre en los posesivos del idioma
nuestro
la imposibilidad en el miedo que me visto
al ponerme los zapatos la mañana
y estaremos otra vez junto al verbo ser
en uno solo
para que la existencia nos despierte

lunes, 16 de febrero de 2009

Ahora entiendo

regando las macetas
desbordaste Mojando
el parquet

la bombacha, la sábana
apresuradamente (

la vida es sueño, río,
andar desmemoriado
una andanza sonora

queda, en el responso
la solitud secó tus labios
de mudanza

la habitación
repetida, lejos del sábado a la noche

los colchones en el piso)
la entrega salada sin hora
intentando lo eterno

martes, 10 de febrero de 2009

Estarse yendo

Seduciéndome a mí mismo por el narcisismo de la estética privada, me siento a escribir; destapo la máquina Royal de mi abuela y me siento en la silla de oficina que encontré en la vereda de Rodríguez Peña y Sarmiento; un escritorio antiguo de madera, una luz gris y verde de tarde lluviosa, un febrero disimulado.
Como de costumbre, no hay tema y abunda el deseo... Y aquél clima del espíritu se va diluyendo en la tela en blanco, como un irse suave e impostergable, sin dejar mancha. Otra vez, la intención borrosa a mitad de camino interrumpida por la falta de interrupciones.

jueves, 29 de enero de 2009

El Horla

algo, los brotes
primaveran el oído de las hojas del viento

son lejos los rumbos del deseo, la altura
que acá el momento sosiega

lunes, 5 de enero de 2009

Mandala

Las blancas sábanas
do el fiero ardor un poco se mitiga

la tierra sin flor
de lo que alguna vez fuera promesa

los naranjos haciendo la vereda

sin tiempos
la zanja

el surco la semilla
y la sábana blanca en la promesa del ardor